


3N según los presagios y peor todavía


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F.P.
La oleada de los dirigentes y gobernantes con habilidades desarrolladas para el parloteo ambiguo aparece en temporal retirada durante los primeros meses de 2020. Aquella interconexión de slogans extravagantes con cifras difícilmente verificables que predominó durante el macriato-urtubeísmo, por estos días se ha replegado.
Sin embargo, esto no quita que sobrevivan en diferentes sectores políticos algunos cultores de esta sarasa pseudiointelectual, a la que los teóricos españoles denominan lenguaje operativo-funcional o misticismo discursivo. O cuando las palabras están desligadas de cualquier hecho o acción concreta, cuando la formalidad del lenguaje carece de sustancia.
Al respecto, una anécdota reciente ilustra esa modificación en pleno proceso, como también las estructuras donde aún existe resistencia a lo que se está produciendo. “¿Qué pasa aquí, había una convención de pelotudos y yo no me enteré?”, tal parece que fue la recriminación presidencial a colaboradores e integrantes de la mesa chica gubernamental, debido a este exceso de locuacidad.
Con ello, Alberto Fernández pidió a sus colaboradores abstenerse al menos por unos días –directiva que expira el próximo miércoles- de mantener contactos con la prensa, cuando no haya nada para comunicar. Según todo indica, el Jefe de Estado “teme que algunos de sus colaboradores, de escaso contacto con el territorio, tiendan a creer que hacer política es dar entrevistas a los medios”, publicó el domingo 23 de febrero el portal El Cohete a la Luna.
En la nota política de fondo, su autor, Horacio Verbitsky, especificó que Fernández, lejos de mostrarse refractario al contacto mediático, los mantiene “pero no suele hablar de lo que no sabe o de lo que no quiere”.
NdR, 29 de febrero de 2020.











